lunes, 1 de diciembre de 2008

LUZ DE GAS




Luces que nos indican un camino confuso ante la oscuridad de la noche o incluso a pleno día... Nos hacen ver humo de buenas maneras que oculta oscuras intenciones... ver donde tan sólo hay sombras y mostrarnos algo que no es...

No suelen venir desde lo alto de la farola en una calle poco transitada... alguien nos las trae... nos invita a verlas... y nos embelesan de buenos presagios... Juego de posibilidades en las que abrimos la puerta a la duda... y nos enublan las ideas... para poder tener acceso a nuestro mundo... a nuestra manera de ver... a nuestra manera de pensar... incluso de sentir.

Siempre he dado la imagen de mujer segura... -como me río a veces - y eso ha alejado de mí a más de uno incapaz de asumir su propia inseguridad... Es normal... a nadie nos gusta reconocer las propias debilidades. Luego se crean nidos de envidia que acaban mermando relaciones que yo creía posibles, amigas y sanas...

Ni mucho menos...

Luciérnagas incapaces de ver su propia luz que pretenden arrebatar la del mismísimo sol... espejismos... no creáis... y encima enrabiadas de saber que al sol le importa un comino su furia, que no participa en ciertos juegos y que, aún entendiendo el mal de las frustraciones, él no puede hacer nada... Luciérnagas vestidas de amistades... sinceras y amables... dispuestas a arrebatar atenciones que se presentan como mano amiga para después mostrarnos luz de gas... que se enciende y se apaga, que nos confunde y nos desarma creyendo enloquecer viendo cosas donde no las hay, pensar en probabilidades nada claras, entablar la duda y, por fin, despertar la decepción... y una despedida.

Destapar fantasmas es arriesgado en cuanto nos supone un esfuerzo a asumir las consecuencias... y saber arrear con aquello en lo que nos encontremos... tal vez tristeza, tal vez desengaño...

Saber decir adiós es a menudo un alivio...

Y seguir mirando hacia delante... y aprender a distinguir la verdadera y natural luz solar... de aquella que pretende liar nuestras vidas en embrollos de crin, de desenlaces imposibles con hilos deshilachados por el desuso...

Y seguir fijándonos en el sol... ante la confusión siempre está él.

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